
Y NO ME CUESTA DECIRLO, Y GRITARLO A LOS CUATRO VIENTOS, Y ESCRIBIRLO EN MAYUSCULAS, Y PORQUE NO HAY HIPERMAYÚSCULAS.
Con motivo de mis vacaciones, creo que merecidas, me despido del blog hasta nuevo aviso, con lo que quiero poner un broche de punto y aparte con mi director; no favorito, ni preferido, ni primordial, ni mejor, sino MI DIRECTOR. 
Voy a romper esquemas, y cual madre que le es imposible escoger entre uno de sus hijos, yo no me puedo decantar por un único largometraje del sensei particular del cine.
Por mucho que lo pensaba no podía elegir solo una de sus obras maestras, y vale, soy una fan incondicional, pero es que si os gusta el buen cine, sabreis de lo que hablo. Por recomendaros, hasta os voy a recomendar el capítulo de CSI que dirige.
Sin embargo, intentaré calmar mi ímpetu hablándoos sobre Quentin en la siguiente crítica:
HOMBRE POLIFACÉTICO, VALE POR DOS
Los habitantes de Knoxville no sabían que hace cuarenta y siete años verían correteando por sus calles a un futuro genio de la industria cinematográfica hollywoodiense. Películas como Pulp Fiction, Reservoir Dogs o Kill Bill lo atestiguan. Quentin Jerome Tarantino ha sabido mezclar la sangre, el sexo y las drogas con un más que notable fetichismo hacia los pies de las mujeres, rodando asi fantásticas obras, que le catapultaron a lo más alto en la década de los noventa.
Varios son los elementos incesantes que han colaborado con el director norteamericano; su musa Uma Thruman, su compañero de viaje Robert Rodríguez, y los cigarrillos Red Apple encendidos por su mechero Zippo, el cual aparece en las películas como uno más de su reparto.
La obsesión por los detalles en planos cortos (sobre todo en maleteros), sus historias convergentes, los bailes sensuales (Abierto hasta el amanecer o Death Proof) y la buena elección de las bandas sonoras son otros de los rasgos que podemos ver a lo largo de su trayectoria abarcando hasta su último film, Malditos Bastardos, que entra, a mi parecer dentro de la categoría de excelente en mi ranking particular
.
Pero como sucede en toda vida humana, su carrera ha estado marcada también por críticas donde sus detractores han tintado a Tarantino incluso de sádico, aludiendo a la película del género gore Hostel.
Y aunque las comparaciones sean odiosas, Four Rooms igual no están al más alto nivel del director, pero lo innegable es que las genialidades y el sutil humor negro que a menudo salen de sus cámaras, como en Jackie Brown (por no olvidarme de ninguna) están al alcance de muy pocos [en mi opinión de nadie, pero siempre habrá reticentes].
Con esto solo me queda decir: Quentin, Marry Me!